EL Cerebro

El cerebro es el soporte de la conciencia individual conectada a la conciencia colectiva o universal.

El cerebro humano es creador de toda señal que tiene el poder de hacer crecer, creando todos los vínculos posibles por medio de lo imaginario.

Esta condición de enriquecimiento toma toda su potencia con el lenguaje oral, comunicación con el otro que enriquece la creación.

Si el hombre no comunicara, nunca habría podido inventar una cucharilla. Este estado de hecho explica el del animal. Todo animal actual que estuviera dotado de un lenguaje articulado se convertiría en una especie competidora. En realidad, sería exterminado probablemente por el hombre antes de llegar a tal desarrollo.

Cuanto más un cerebro cultive las señales pertenecen a la conciencia universal por medio de los vínculos, más refuerza una red en la conciencia colectiva. A tal punto que el tiempo de la cosecha llega. Toda sucede como si la conciencia universal diera respuestas al cerebro por los canales que el cerebro estableció él mismo.

1. Sea un cerebro A, cultivador del señales errantes en la conciencia colectiva.

Un viajero en el andén de una estación, quiere coger un tren que se dirige cada día hacia una cuidad balnearia. Esta peculiar estación posee trenes de cuatro colores diferentes, azul, rojo, verde, amarillo.

Los trenes cada día, salen de forma aleatoria hacia estaciones diferentes pero cada día un único tren sale para la cuidad balnearia.

La estación no posee nigún panel indicador y el viajero no puede comunicar con las otras personas que esperan en los andenes. En apariencia solo puede contar con el azar para coger el buen tren.

Sin embargo, es perspicaz y en vez de precipitarse hacia cualquier tren, permanece en los andenes para estudiar las cosas con el fin de encontrar indicios.

Por ejemplo, observando la ropa de los viajeros que suben a los diferentes trenes, observa a una madre de familia que lleva un cubo de playa subiendo al tren rojo. Elige este tren ya que el cubo es un indicio pertinente pero habrá siempre un factor de incertidumbre.

En esta colectividad, uno individuo habrá determinado la elección del viajero. Hay interacción simple.

El viajero se basó en la lógica para tener éxito pero la señora del cubo de playa no se presenta cada día.

Cuando nuestro viajero no encuentra indicios pertinentes, utiliza su imaginación y comienza a jugar con las señales para establecer vínculos con su proyecto.

Así pues, saliendo hacia la estación, ve un día, pasar un camión amarillo que lleva las inscripciones publicitarias "ondas marinas". Relaciona el amarillo del camión con el amarillo del tren y nuestro viajero elegirá ese día, el tren amarillo debido a las inscripciones.

Al compás de los días, este juego se puntuará de éxitos o fracasos pero el viajero creará una lenguaje de señales que le será muy personal.

Vivirá en un nuevo marco semántico jugando con los vínculos que solo tendrán sentido y pertinencia para su conciencia individual.

Para abastecer este juego de vínculos, el viajero se conecta a la red de la conciencia colectiva. Sus elecciones están en realidad determinadas por los de la conciencia colectiva o universal. Hay interacción conexa.

Cuanto más un cerebro A capta flujos del pensamiento universal por medio de los vínculos entre las señales, la conciencia colectiva tiene más medios de ponerse al servicio de esta conciencia individual activando otras conciencias individuales que sirven el cerebro A.

Curiosamente, los acontecimientos que interpretaba el cerebro A como pura casualidad, se convierten poco a poco en los resultados de un sistema aplicado por la conciencia individual. El cerebro A percibe muy bien su interdependencia de la conciencia colectiva. Sometiéndose a ella.

2. El cerebro A, creando este fenómeno de complejidad del pensamiento, mantiene entonces una conversación sagrada con la conciencia colectiva.

Si el cerebro del viajero sólo estuviera atraído por el deseo de satisfacer una curiosidad intelectual, hay pocas oportunidades para que consiga expresarse la conciencia colectiva. Debe de estar muy motivado por un deseo intenso. Sabe que cada día este encuentro depende de la casualidad. E intenta cancelar los resultados del azar para controlar los acontecimientos.

Debe comprometerse completamente. Esta fuerza lo motiva. Las respuestas de la conciencia colectiva le llegan porque vive en un mismo flujo de conciencia. Construye un red personal que baña sus raíces en el medio ambiente de la colectividad y consigue comunicar con este medio ambiente que le da a veces las buenas respuestas.

Los días de fracaso, nuestro viajero inscrito en este sistema del cual cada vez es más dependiente, intentará enriquecerlo ya que lo motiva. Al integrarse en el funcionamiento del mundo, este viajero se hace cada vez más inteligente.

El pensamiento de cada individuo es una verdadera fuerza que trabaja en el sistema colectivo.

La conciencia colectiva es una dimensión de la malla de vibraciones que nos rodea. Si la conciencia universal opera fuera del tiempo, es portadora de todos los acontecimientos.

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